Paco tocando a Lucía
He visto a muchos hombres coger ese maravilloso instrumento llamado
guitarra y tocar divinamente, tanto gitanamente
como payamente.
Pero siempre han sido dos, guitarrista y guitarra. Sólo he visto a uno
tocar la guitarra siendo hombre e instrumento. Uno solo, un mismo
bloque, indivisible. Como los buenos toreros que logran,
cuando se logra, torear a ese toro fundiéndose en uno solo. Como los
grandes escultores y pintores, quienes en plena creación, parece que
pincel y punzón son parte de su anatomía. Este
guitarrista, que a mi inspiración ha tocado tanto, deja caer en su regazo
esas maderas
curvosas con cuerdas rectas, y las acaricia,
las mima y las despierta y adormece con suma cadencia y delicadeza.
La guitarra es suya, mas a�n pienso que él pertenece a ella. Siendo los dos
por
separado como un cuerpo sin sombra, un ángel sin alas o un ser
estéril y desencajado. La guitarra, esa con
cuerpo de mujer de pecado, espera ser tocada, para eso fue creada, entre
punteos afilados y vertiginosas escalas, donde los dedos y las uñas
echan humo del fuego de la emoción musical. Pero no todo es sonido para el oído,
mejor suenan cuando se saben hacer esos sutiles silencios tan exactos, tan medidos,
idóneos que
enaltecen el toque que está por
llegar, exprimiendo en el aire los suspiros de lo que ha de acontecer. El
silencio es para este guitarrista un instrumento más, un momento mágico,
un
respiro romántico que es motivo de emotividad. Silencios que tienen
sentido, acordes de enmudecida sonora musicalidad.
Es en todo su genial magisterio una expresión de amor, con el que goza,
sufre, discute y se reconcilia. El hombre es Paco y su
guitarra se me antoja de nombre Lucía, y como digo, no son dos, sino uno que
siendo por separado un sinsentido, son en su unión el sentido
más universal y clarividente; apología de la
raíz más pura y genuina de la rama artista, dedos
brujos que dejan en el aire sonidos de embrujados rizos. Su
toque es como esas trenzas flamencas tan cuidadas, tan
finas, tan sinceras como sencillas. Son Paco y Lucía, o Lucía y Paco, un
lujo para el flamenco, para la expresión musical y, más a�n... para el
arte.
5 de febrero de 2007
(Quelle: Jes�s Soto de Paula, Donde Rezan
Los Mitos, Editorial AE 2008)

